martes, 29 de noviembre de 2011

Atlántidas del siglo XXI




Tokelau y Kiribati son sólo dos ejemplos de los muchos archipiélagos que se hunden en el océano lenta pero inexorablemente. Los movimientos de placas tectónicas, el cambio climático, las corrientes marinas e incluso la acción del hombre crean islas nuevas, pero también hacen desaparecer otras. Los dos protagonistas de éste artículo están situados en medio del pacífico, a sólo un par de miles de kilómetros unos de otros. Conozcámoslos un poco más antes de que sea demasiado tarde.



Tokelau, despertando antes de morir.


Tokelau es un archipiélago en la Polinesia formado por tres pequeños atolones coralinos: Atafu, Nukunonu y Fakaofo. Entre los tres apenas suman 10 kilómetros cuadrados de superficie. Su orografía es plana, poco por encima del nivel del mar, y sus suelos son poco fértiles, con lluvias irregulares y tifones frecuentes.


No tiene capital, ni puertos comerciales, y en la actualidad depende administrativamente de Nueva Zelanda, aunque de manera prácticamente independiente. Su población no alcanza los 1500 habitantes, y cada vez es menor. La única actividad productiva era la pesca. Hasta hace muy poco era una de las zonas mas pobres del mundo. ¿Qué ha conseguido que su economía se haya disparado en los últimos años? Internet.

Tokelau dispone de dominio de internet propio (.tk), que a diferencia de los mas frecuentes (.com , .es , .org) no tiene coste mensual si la web que aloja no es comercial, salvo que tenga publicidad, en cuyo caso el 10% de los ingresos de ésta van para los habitantes de Tokelau.

También gracias a internet y la sociedad de la información se ha dado a conocer Tokelau, y eso le ha hecho obtener otras fuentes de ingresos igual de sorprendentes. Tokelau vive de vender monedas, artesanía y sobre todo, sellos para coleccionistas. Ésto le ha hecho ir dependiendo cada vez menos de Nueva Zelanda.

Tokelau, en la actualidad está desarrollando una Constitución propia y nuevas instituciones, y aspira a firmar un pacto de libre asociación con Nueva Zelanda como otras islas y archipiélagos.

Un futuro prometedor si no fuera porque se estima que quedará sumergido el territorio dentro de aproximadamente 25 años.



Kiribati, los primeros y los últimos, a la vez.


Kiribati es otro archipiélago formado por 33 atolones coralinos y cientos de islotes el Pacífico. Tiene unos 800 kilómetros cuadrados de superficie, orografía muy plana, y suelos arenosos coralinos, calcáreos, poco aptos para la agricultura. Kiribati es un país superpoblado, pues posee una población superior a los 100.000 habitantes en tan poco espacio, que además va en aumento. En los últimos años se ha desplazado forzosamente a la población de la capital, Tarawa, a otras islas periféricas menos pobladas.

Kiribati es república independiente desde 1979. Curiosamente no posee frontera con ningún país. Anteriormente fue colonia británica (islas Gilbert), algunas islas fueron ocupadas por Japón, y fue escenario de una de las peores batallas de la II guerra mundial. Su población es una de las mas pobres del mundo, y depende económicamente de la ayuda recibida de Japón, Gran Bretaña y otros organismos internacionales. Sus exportaciones de coco son insuficientes, y las reservas de fosfato que exportaba están agotadas desde hace muchos años.

El atolón de la capital, Tarawa, está formado por al menos 24 islotes, de los que solo 8 están habitados. Tres de esas islas quedaron sumergidos en 1999 por cambios en las corrientes marinas, uno de ellas (Bikeman) con el agravante de una carretera construida entre dos islas cercanas. Actualmente Bikeman está cubierto por medio metro de agua.

Bikeman, foto tomada en 1976.


Aparte de islas desaparecidas, Kiribati tiene una peculiaridad que le hace único en el mundo: Está situado en la linea internacional de cambio de fecha. Es el primer lugar del mundo en celebrar el año nuevo, lo que le hace recibir ingresos turísticos. Pero aún hay más, hasta 1995, Kiribati estaba dividido por dicha linea imaginaria, por lo que en parte de su territorio era un día, y en otra parte el día siguiente. Kiribati era el único lugar dónde se podía celebrar el año nuevo dos veces, con tan solo cambiar de islote, siendo los primeros y los últimos del mundo en hacerlo. Evidentemente, este conflicto diario implicaba problemas de la vida cotidiana, cómo que sólo había tres días hábiles comunes a la semana, por lo que en 1995 decidieron "mover" la linea internacional de cambio de fecha al este unos miles de kilómetros.





martes, 22 de noviembre de 2011

Adaptabilidad, diversidad y comportamiento social en el Mesozoico

Atendiendo a la relación consecuente entre adaptabilidad y diversidad, una de las Eras más significativas en cuanto a complejidad evolutiva animal y comportamiento social del planeta a lo largo de su historia fue el Mesozoico. Las condiciones climatológicas citadas en anteriores apartados, aludiendo a un medio ambiente favorable a la abundancia de recursos alimenticios, que intervinieron en el régimen metabólico de las especies huéspedes (especialmente en el grupo Reptilia) y un contexto idóneo de competencia debido a la constante evolución física y psicosocial condicionado por el rasgo intrínseco de supervivencia de las especies en un entorno hostil, favorecieron un marco ideal para la diversificación en calidad de caracteres anatómicos distinguidos por su rareza y singularidad y comportamientos sociales caracterizados por poseer peculiaridades en torno a ambientes gregarios perfectamente jerarquizados en cuestiones como la caza o la migración de grandes manadas de animales.

Una de las adaptaciones evolutivas anatómicas más interesantes fue la aparición en varias familias del clado vertebrado Dinosauria de una prolongación dorsal en forma de aleta o vela. Esta adaptación no se trataba de un rasgo inédito en el mundo animal, ya que durante el Pérmico, el género Dimetrodon de la clase Synapsida ya poseía dicha característica fisiológica. Esta aleta estaría conformada por vasos sanguíneos, tejidos celulares y piel que permitía al Dimetrodon regular su temperatura corporal a través de dicha superficie de gran eficacia para el calentamiento y enfriamiento de la estructura anatómica del pelicosaurio y cuyo rasgo social era de importancia en la época de cortejo.

Uno de los grandes y más célebres representantes de dicha adaptabilidad en la Era Mesozoica fue el Spinosaurus aegyptiacus, un enorme género de Dinosauria terópodo que habitó en el periodo Cretácico en el actual África. En este caso, se trataba de la consolidación de espinas vertebrales sobre su dorso que le facilitó la labor de disipación de calor y maniobrabilidad y agilidad en un ecosistema acuático. La estructura ósea del cráneo y mandíbula, muy alargada conformando un potente sistema de captura de presas resbaladizas y el dote de unas extremidades anteriores suficientemente potentes para permitir al Spinosaurus aegyptiacus mantenerse en varias ocasiones en una postura cuadrúpeda complementaron las características más llamativas del género, permitieron deducir que se trataba de un animal mayoritariamente piscívoro.

Recreación de un Spinosaurus aegyptiacus. Fuente: dinos-jc.4t.com

Otras de las adaptaciones más interesantes se pueden relacionar con el dominio de varias especies de Reptilia de los ecosistemas acuático y aéreo. El Pterosaurio se trataba de un reptil volador que vivió desde mediados del Triásico hasta finales del Cretácico. Su estructura anatómica presentaba un cuerpo relativamente pequeño, una fusión de los huesos de la cadera y una membrana que se soportaba con la ayuda de un cuarto dedo muy alargado y un pterioide en el antebrazo. Las evidencias de fósiles próximos a lagos y entornos fluviales y esqueletos de peces en sus estómagos posibilitaron la labor de deducir que se trataba de un animal piscívoro con una caza similar al de las aves actuales. Su tamaño oscilaba éntrelos 0,5 metros de envergadura alar hasta los 15 o 17 metros de algunas especies de Quetzalcoatlus. Por otro lado, en un ecosistema acuático, un importante grupo representativo fueron los Sauropterigios. Se trataban de reptiles con una gran gama de diversidades anatómicas que abarcaban formas y apariencias similares al de las lagartijas, cocodrilos y ballenas actuales que habitaron la Tierra al principio del Mesozocio. Esta gran rama se trataba de una especie de gran adaptabilidad al medio acuático, aunque sus relaciones evolutivas aún no están claras. Su posterior diversificación en Notosaurios, con un rasgo y comportamiento más anfibio, y Elasmosaurios o Pistosauriosque se caracterizaban por poseer extremidades cortas que funcionaban como aletas y una masa corporal que se aproximaba a las 20 toneladas reflejaron el ambiente de gran ramificación en cuestión de adaptabilidad y supervivencia que caracterizaba a la Era Mesozoica.

Recreación de un Elasmosaurio. Fuente: dinoteam.org

El comportamiento social también acentuó el carácter evolutivo de las especies mesozoicas, especialmente en clases de herbívoros. Bien cabe señalar el comportamiento gregario de algunas especies de Dinosauria cuya finalidad principal en algunas ocasiones residía en agrupar un clan de arrastre sólido y compacto ante agresiones externas o simplemente un objetivo de cortejo y reproducción en períodos específicos durante la estación de apareamiento. La caracterización y la estructuración de las manadas se definían según la necesidad de los individuos que las componían. En el caso de ataque externo en el desplazamiento de la manada, los individuos de las especies generalmente de gran tamaño formaban falanges en los flancos del grupo de arrastre, en cuyo centro que encontraban los individuos jóvenes y por lo tanto, menos inmunes al ataque de un depredador. Este comportamiento se puede verificar en las icnitias halladas en algunas especies de saurópodos diplodócidos como los Apatosaurus o los Diplodocus, aunque la formación de cohortes sólidas no se trataba del único mecanismo defensivo ante ataque externo, sino que la variación de la postura defensiva dependía del grado de adaptabilidad anatómica de cada especie, demostrando así que grandes herbívoros como el Triceratops, el Estegosaurus o el Euplocephalus resultaban adversarios de enorme dificultad para los depredadores carnívoros al complementar un fuerte temperamento con la adquisición de estructuras óseas capaces de herir mortalmente al atacante. Por otro lado, en el caso de la alimentación, las manadas de herbívoros se segmentaban en pequeños grupos según la edad y el tamaño, resolviendo problemas derivados del aporte energético y la existencia de recursos en las zonas en las que la manada migraba. Un caso similar ocurría con manadas de especies depredadoras, segmentando zonas de caza según la jerarquía social de los individuos dentro del grupo y marcando pautas de captura de presas similares a la de los mamíferos actuales. Destacan especialmente las subfamilias de la familia Dromaeosauridae, entre las que se encuentran especies célebres como el Deinonychus o el Velociraptor.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Paisajes Postmetropolitanos

Quizá lo que mejor caracterice la condición contemporánea de las ciudades sea una transformación tan profunda como la experimentada en la fase de surgimiento de las sociedades industriales y, como corolario, la crisis de las ideas tradicionales de urbanidad, espacio público y paisaje. Desde la utilización por los sociólogos de la Escuela de Chicago, hasta la concepción del planeamiento como expresión de la vocación espacial de un sujeto ciudad, se ha atribuido a la ciudad una imagen equívoca de entidad coherente y unitaria. Sin embargo, la ciudad no es tanto un actor como un lugar ocupado por muchos actores.

Como resultado de la nueva economía basada en la información y el conocimiento, la expresión contemporánea de la condición urbana asume una multiplicidad de configuraciones espaciales, tanto en escala geográfica como en cualidad, en abierta ruptura con las configuraciones tradicionales.

Las metrópolis occidentales constituyen hoy hiperconcentraciones de infraestructuras y el ámbito donde se materializa la relación entre el mercado y la esfera pública, un conflicto que explica la moderna construcción del espacio social y sus expresiones arquitectónicas. Las transformaciones de estas metrópolis pueden entenderse como un proceso de superación de las limitaciones espaciales en saltos sucesivos de organización y escala.

Se formaron primero las áreas metropolitanas, las cuales superaron los límites de la ciudad tradicional, continua y compacta. Llegó luego la ciudad-región polinuclear, que supuso una nueva ampliación de la escala de interacción y la superación de la relación simple de dependencia de los núcleos metropolitanos. Sin embargo, conllevó también la generación de nuevos y grandes desequilibrios territoriales, entre ellos el aumento exponencial de la superficie urbanizada y el declive de los núcleos centrales tradicionales. Como consecuencia de la presión urbanística, fue desapareciendo el ámbito rural y se multiplicaron los terrenos residuales en expectativa de desarrollo situados en os márgenes de las áreas urbanizadas (desde 2008 hay m.

Pero la evolución de la metrópoli no se ha detenido en esta fase. Nos encontramos hoy en el umbral de un salto cualitativo hacia la conformación de un nuevo territorio articulado en torno a grandes ejes de desarrollo suprarregional, que, siguiendo a Edward W. Soja, podríamos denominar postmetropolitano.

Se caracterizaría por una exurbanización distante, como nueva etapa de la suburbanización, apoyada sobre la expansión de las redes arteriales metropolitanas. Un proceso que genera a la vez configuraciones nebulosas poco densas y corredores de concentración de actividades.

El territorio postmetropolitano sufre también el efecto “antidistancia”  de las nuevas líneas de ferrocarril de alta velocidad y de los aeropuertos locales apoyados en la rápida expansión de las compañías aéreas de bajo coste.

Asimismo, experimenta la transformación de las pautas organizativas del nuevo territorio por las que la ciudad-región geográficamente fragmentada y funcionalmente especializada se transforma de forma progresiva en un territorio de gran complejidad.

Se produce también la reactivación de la ciudad central. Paradójicamente, la conformación polinuclear y el incremento de escala de la metrópoli otorgan un nuevo valor estratégico al espacio central, lo que explica la reciente multiplicación de proyectos públicos y privados para su transformación.

En consecuencia, no existe una forma canónica de la metrópoli contemporánea. La idea de proyecto de ciudad o modelo normativo, en las claves de la planificación tradicional, resulta válida solo en la microescala. La emergencia de un nuevo territorio cambia las claves de comprensión e intervención sobre los hechos urbanos y demanda nuevos instrumentos y estilos de planificación. Hay que deshacerse de viejos prejuicios para decodificar las nuevas formas de organización metropolitana y poder formular principios eficientes para proyectar el territorio. Se debe definir cómo y en qué escalas temporales se construye el territorio.


Fuente: Ezquiaga, J.M. Paisajes posmetropolitanos. Revista “Investigación y Ciencia”. Noviembre 2011

martes, 8 de noviembre de 2011

Manchas solares y terremotos

Una mancha solar es una región del Sol con una temperatura más baja que sus alrededores y con una intensa actividad magnética.  Esta actividad magnética, en casos de alta actividad de manchas solares, puede llegar a influir sobre la tierra. Tal actividad es transportada a través del plasma (fluido formado por electrones e iones positivos, lo que hace que sea un buen conductor eléctrico y que se corresponda con los campos electromagnéticos, en el caso que representa, con el campo magnético terrestre).

Este año, 2011, está siendo verdaderamente prolífico en manchas solares, lo cual va en línea con el hecho de que estamos a punto de llegar al máximo del ciclo de manchas solares, previsto para 2012 (el ciclo de manchas solares es de 11 años y tiene que ver con el ciclo de 22 años de inversión del campo magnético del Sol).

Las manchas solares producen grandes emisiones de iones, gran turbulencia e inestabilidad magnética y eyecciones de masa solar. Estas erupciones expulsan plasma hacia al exterior con una gran potencia, llegando a velocidades de más de 2.000 km/s. Las grandes erupciones de manchas expulsan radiaciones en todo el espectro electromagnético, desde ondas de radio, hasta rayos-x y rayos-gamma, los cuales son capaces de bloquear determinadas transmisiones de radio en nuestro planeta, así como ser las causantes de espectaculares auroras boreales.

Otra consecuencia que se está investigando de las manchas solares son los terremotos. Día 9 de Marzo de 2011 se produjo una enorme mancha solar (1166 en la siguiente imagen), la cual estaba dirigida hacia la tierra. Dos días más tarde, el 11 de Marzo, ocurrió en Japón el terremoto de 8,9 grados en la escala Richter, siendo el más fuerte de la historia de Japón y el cuarto más fuerte jamás registrado en la historia de nuestro planeta.

Imagen visible del Sol. Día 9 de Marzo de 2011. Tomada por la sonda SDO (NASA)

De la misma forma también ocurrió con el tremendo terremoto de Chile, de magnitud de 8,8 grados en la escala Richter, el 7 de febrero de 2010. Donde dos días antes se produjo otra erupción solar muy fuerte.

¿Qué relación tienen las erupciones solares con los terremotos? La teoría nos dice que una intensificación del campo magnético puede causar cambios en la geosfera (parte estructural de la Tierra que se extiende desde la superficie gasta el interior del planeta). La NASA y la Unión de GeoCiencias de Europa (EGU) han firmado la aprobación de a hipótesis de las manchas solares, la cual sugiere que cambios en el entorno Sol-Tierra afectan al campo magnético de la Tierra y pueden provocar terremotos en áreas propensas a ellos.

La intención de esta entrada tiene la finalidad de relacionar una noticia de ayer explicando que la mancha solar más grande en seis años apunta a la Tierra. Sus dimensiones son impresionantes, nada menos que 80.000 kilómetros de largo y 40.000 de ancho. Después de que sus efectos recayeran sobre Mercurio y Venus, ahora se enfrenta a la Tierra y, por si fuera poco, el fenómeno está muy activo y continúa emitiendo eyecciones. De seguir así, potentes chorros de plasma procedentes del Sol podrían impactar contra el campo magnético terrestre desestabilizando los sistemas de comunicaciones y navegación en medio mundo. Y tal vez, todo esto podría tener repercusiones sobre los terremotos y erupciones en la isla del Hierro.

Mancha solar actual   
                                                                                                              Erupción en el Hierro                   n  







lunes, 7 de noviembre de 2011

Dejad correr vuestra imaginación...

Una visita a Zaragoza da pie perfectamente para una entrada sobre la Expo. Pero como una vista puede dar para mucho, juguemos a adivina, adivinanza..


Hay una pista...